
El fotógrafo, diseñador y director holandés, de actualidad por su reciente libro sobre Depeche Mode, ha sido clave también en la imagen de músicos como U2 o Nick Cave. Aquí recordamos algunas de sus portadas de discos más emblemáticas.
Fotógrafo, director de videoclips y películas, diseñador de portadas, artífice de algunas de las imágenes más emblemáticas de la música popular de las últimas décadas… el rock y el pop actuales no se entenderían sin el trabajo del holandés Anton Corbijn (Strijen, Holanda, 1955)
Podríamos hablar de sus célebres retratos en blanco y negro de innumerables estrellas del rock, o de cualquiera de sus notables películas, pero hemos decidido recordar diez de sus portadas más celebradas, aquellas que introdujeron su arte al gran público.

1 – The Joshua Tree (1987), de U2
Durante el mes de diciembre de 1986, Bono y compañía viajaron por el desierto de Mojave y por otros enclaves del medio oeste y el sudoeste norteamericano junto a Anton Corbijn.
De hecho, fueron ellos quienes le propusieron al fotógrafo que localizara algún paisaje desde el que poder proyectar la imagen que requería el disco de su asalto definitivo al mercado mundial.
Cuando él holandés descubrió las posibilidades que ofrecía el famoso Joshua Tree, lo tuvo claro. Y con la significación religiosa de la planta, no lo tuvo muy difícil para convencer a Bono. 25 millones de hogares tienen esta portada en su casa.

2 – Viva Hate (1988), de Morrissey
Una de las grandes cualidades del fotógrafo holandés ha sido siempre la de captar la personalidad de los músicos a quienes retrata en imágenes sencillas, casi siempre en blanco y negro, muchas veces sin la necesidad de que estos posen de forma consciente ante la cámara.
Ese fue el caso del debut de Morrissey en solitario, un disco que requería proyectar una imagen de afirmación personal, de seguridad en la idea de que el de Manchester podía lanzar una carrera consistente sin la esencial contribución que la guitarra de Johnny Marr había desempeñado hasta entonces en The Smiths. Y así fue.
El estreno de Mozz es, aún a día de hoy, uno de sus mejores discos. Y su portada, luciendo esa media sonrisa entre irónica, amarga y burlesca, le define como pocas.

3 – Violator (1990), de Depeche Mode
Los caminos de la cultura popular con imprevisibles e inescrutables. Quizá por eso, la última vez que se ha hablado de la famosa rosa roja de Depeche Mode fue porque trascendió que Isabel Díaz Ayuso la lleva tatuada en su antebrazo. De hecho, hay un medio que se lo ha llegado a comunicar a Corbijn, quien reconoce no tener ni idea hasta ahora de quién diablos es esa señora.
En cualquier caso, debe de ser uno de los tatuajes más frecuentes entre los seguidores de la banda de Dave Gahan. Fue otra conjunción gloriosa, porque el disco pasaría a la historia como su obra maestra, sin duda una de sus mejores colecciones de canciones.

4 – Achtung Baby (1991), de U2
De nuevo U2 trabajando con su fotógrafo y portadista fetiche. La carrera de U2, como la de Nick Cave o la de Tom Waits, no se entendería sin el característico grano en blanco y negro de las fotografías y las portadas de Corbijn.
En esta ocasión, tuvo el sentido de la oportunidad de captar la esencia de la banda irlandesa en un momento de transformación, mediante un collage fragmentario en el que se mezclan imágenes de Berlín, Marruecos e incluso Tenerife, en cuyo carnaval de 1991 pasaron unos cuantos días. Allí, en Santa Cruz de Tenerife, grabaron el videoclip de «Even Better Than The Real Thing».

5 – Automatic For The People (1992), de R.E.M.
Enigmática, inquietante, oscura. Los de Athens siempre se distinguieron por envolver sus canciones en artworks inaprensibles, aparentemente indescifrables, pero se superaron a sí mismos justo cuando lo tenían todo a favor para no hacerlo: en la cima del mundo después del gran éxito de ventas de Out of Time (1991).
Hay que destilar mucho arrojo y personalidad para lanzar un disco en el ámbito de las ventas multimillonarias, cuando todo el planeta está pendiente de ti, de esta guisa. Con tan impenetrable imagen. En honor a la verdad, hay que decir que hemos hecho algo de trampa, porque la foto de portada es de Michael Stipe, pero todo el interior sí es de Corbijn.

6 – Holy Smoke (1992), de Peter Murphy
El tenebroso sonido post punk de Peter Murphy, tanto al frente de sus Bauhaus como en solitario, también ha gozado durante la mayor parte de su carrera de las fotos de Corbijn. El cuarto trabajo en solitario de Murphy, uno de los más sofisticados de toda su carrera, nos lo mostraba con un ojo abierto y otro cerrado, mostrando una expresión de perplejidad muy propia de quien durante muchos años fue el príncipe de las tinieblas del rock europeo.

7 – Stripped (1995), de The Rolling Stones
Los Stones se apuntaron, como la gran mayoría de las grandes estrellas del pop y del rock de los años noventa, a la moda de los directos en formato reducido. Pero en lugar de marcarse el socorrido desenchufado, un unplugged en toda regla, apostaron por un concierto íntimo pero eléctrico en pequeños locales durante los recesos de la gira de Vodoo Lounge (1994).
La portada de este Stripped (1995) es una de las más naturales, menos artificiosas, de toda su carrera. Y concuerda plenamente con su contenido.

8 – The Boatman’s Call (1998), de Nick Cave & The Bad Seeds
Otro icono absoluto en la carrera del fotógrafo y cineasta holandés. Al igual que la que fue compañera sentimental durante esta época, la gran PJ Harvey. De hecho, esta portada, en riguroso blanco y negro, servía para presentar las dolientes composiciones de un Cave que se había consolidado ya como baladista del crepúsculo, sentado ante su piano, lejos ya de las erupciones volcánicas de sus momentos más abrasivos.

9 – Devils & Dust (2005), de Bruce Springsteen
Otra portada austera, sin amaneramientos, de textura prácticamente vintage, para otro disco que también mostraba la faceta más desnuda de su creador. El Springsteen reflexivo de esta foto es el mismo de Nebraska (1980) o The Ghost of Tom Joad (1995), discos con los que forma una suerte de trilogía. El trovador folk, armado solo con una guitarra acústica, fascinado por John Steinbeck y Las uvas de la ira (1940).

10 – Sam’s Town (2006), de The Killers
Una de sus últimas grandes portadas, emblemática ya de este siglo, del que llevamos dos décadas casi sin que nos hayamos dado cuenta. La banda de Las Vegas quería una imagen chic y algo agitanada, y así es como surgió esta extraña combinación entre la mujer vestida de concursante de algún decadente certamen de misses y la cabra montesa. El álbum fue un éxito de ventas, como casi todos los que ha publicado la banda de Brandon Flowers.