El músico de La Ludwig Band publica A la catalana, su primer disco en solitario: diez canciones de rumba que recorren bares, pisos y calles entre el deseo, la resaca, el sexo y las ganas de no volver todavía a casa.
Lluki Valverde es saxofonista de La Ludwig Band, ha pasado por el teatro con El Col·lectiu Pedant a Missa i Repicant y desde hace tres años guarda también canciones para sí mismo. En 2023 rompió la hucha de lo que había ganado tocando con otros grupos y se metió en Locus Estudio, en Bellvitge, para grabar su primer EP, Bono conmigo, bono contigo. Ahora publica A la catalana, su primer disco largo en solitario.
Aquí la rumba sirve para contar lo que ocurre cuando una noche se alarga más de la cuenta. Cuando el bar está a punto de cerrar y uno todavía espera que pase algo antes de volver a casa. Conviven alcohol, deseo, resaca, ansiedad, encuentros sexuales, enamoramientos y desencuentros, pero también mucho humor. Y casi todo sucede en lugares que podrían señalarse en un mapa.

El Heliogàbal, el Carmel, el Paral·lel, L’Hospitalet o el carrer dels Àngels aparecen en una Barcelona que no funciona como postal, sino que es el escenario cotidiano. En «J<3» hay una barra de bar, ron con Coca-Cola y una conversación que lleva demasiado rato dando vueltas; en «El Carmel», quince euros bastan para montar un pequeño negocio sentimental en lo alto de la ciudad; y «No vull tornar sol a casa» empieza cuando ya han apagado las luces del Paral·lel y solo queda encontrar una razón para prolongar la madrugada.
Las canciones van entrando y saliendo del amor, a veces desde la ternura, otras desde el sexo o desde ese terreno movedizo en el que ya no se sabe muy bien qué espera uno de la otra persona. «Víctima o botxí» empieza un domingo por la tarde, con la resaca y alguien que ni siquiera recuerda con quién se ha despertado. En «De tots els colors», el deseo cabe en un piso de L’Hospitalet y en esperar junto a una ventana a que alguien regrese del trabajo.
En «Urinaris Àngels», uno de los lugares más concretos del disco, la noche se encierra dentro de unos lavabos del carrer dels Àngels. Hay gente esperando, puertas que se abren y se cierran y una madrugada que parece haberse quedado atascada. Valverde escribe esas escenas casi como pequeñas historias, sin explicar demasiado a sus personajes, simplemente los deja hacer, equivocarse, esperar o marcharse.
Pero A la catalana no vive únicamente de la fiesta. «El 248 del carrer Navas» parte del suicidio de dos hermanas antes de su desahucio. La canción imagina sus últimos momentos dentro de la vivienda, con la llegada de la policía y los funcionarios cada vez más cerca, y termina con el claro propósito de recordar a las dos mujeres. Es el momento más duro de un disco en el que la ciudad que permite salir, bailar y encontrarse con otros es también la que expulsa a quienes viven en ella.

Musicalmente, Valverde mira hacia la rumba y la tradición laietana de nombres como Gato Pérez, Pau Riba o Sisa, pero la lleva a su propia Barcelona y a sus propios personajes. En el disco participan sus compañeros de La Ludwig Band, además de músicos vinculados a Los Vecinos de Manué, Alosa y Ciutat y Alba Armengou. En su imaginario también aparecen Ocaña, Nazario, Pepe Sales, la Orquesta Platería o Albert Pla.
Valverde llevará A la catalana al escenario acompañado por Gabriel Bosch, Joel Sánchez, Martí Escobedo y Lídia Facerías, la banda con la que ya ha pasado por salas como El Pumarejo, Salamandra o Heliogàbal. El primer concierto de presentación del álbum será el 12 de noviembre en la Sala Upload de Barcelona.
A la catalana termina, precisamente, con alguien que se niega a volver solo a casa. Quizá ahí esté buena parte del disco, en seguir caminando un poco más cuando la ciudad empieza a apagarse, aunque no esté nada claro qué -o a quién- se espera encontrar.




