El veterano músico británico nos regala otra soberana lección de su oficio, y otro de esos derroches de inspiración que prueban que sus musas nunca se van de vacaciones.
El gran prestidigitador. El eterno camaleón. El querido entertainer. El corredor de fondo. El joven perenne. El hombre de los mil y un cambios estilísticos. El que se mueve como pez en al agua entre la alta y la baja cultura.
Todo eso y seguramente algunas cosas más es Elvis Costello. Uno de los más grandes creadores vivos de la cultura pop. Con todas sus letras Ya pueden sucederse las modas, las tendencias, las crisis económicas, los movimientos sísmicos en la política internacional y la inmisericorde capacidad de la música popular para comerse a sí misma y luego regenerarse. Da igual. Él siempre está ahí. Y con un promedio cualitativo espectacular.
“Bendita sea su decisión de no hacerse caso a sí mismo cuando dijo, hace diez años, que no publicaría más discos”.
Le hemos visto darle al country, al blues, a la música clásica, al funk, al pop y por supuesto al rock. Le hemos escuchado mientras colaboraba con músicos de todo pelaje y prestigio. Su talento es omnívoro. Apenas hay estilos o lenguajes a los que se sienta ajeno, por mucho que un titular sacado de contexto nos diga que ya no le gusta el rock, no al menos sin el roll. Ni muchísimo menos es así.
Y ahora lo tenemos más activo de lo que ha estado en la última década. Una década que comenzó cuando él nos avisaba de que no publicaría más discos físicos porque no tenían sentido en la era del streaming. Bendito sea aquel “donde dije digo, digo Diego”. Hay que agradecerlo.
Este The Boy Named If (EMI/Universal, 2022), el disco que hace el número 32 en una carrera que ronda ya los 45 años, es otro trabajo prácticamente intachable. Un ejercicio de oficio y también de espíritu juvenil absolutamente recuperado. Nunca se había ido del todo, pero hacía tiempo que no sonaba tan fulgurante.

Se trata de una soberana y gozosa reedición de la química que siempre ha emanado de sus reuniones con The Imposters, los antiguos The Attractions.
Cierto que no tiene la brillantez otoñal de aquel Look Now (Concord, 2018) que tanto recordaba a su ya lejana obra maestra junto a Burt Bacharach, aquel Painted From Memory (Mercury/Universal, 1998). Pero es mucho más consistente que el desigual Hey Clockface (Concord, 2020) y también más novedoso, desde luego, que ese Spanish Model (Universal, 2021) en el que recreó su viejo This Year’s Model (Hip-O, 1978) en castellano junto a Juanes, Luis Fonsi y demás figuras del pop latino.
“Son treces canciones inusualmente radiantes y enérgicas para ser despachadas por un hombre de 67 años”.
So treces canciones directas, centelleantes, que suenan rotundas e inusualmente radiantes para ser despachadas por un hombre de 67 años que ya lo ha demostrado todo y no tiene deudas con nadie. Tanto en los arrebatos de rock and roll como en las baladas, que también las hay. Y que hacen honor a la temática cuasi adolescente de las viñetas que la componen, realzadas en su edición disco-libro.
Una muestra más de inagotable oficio y talento de Elvis Costello, un señor cuyas musas apenas se toman vacaciones. Otro catálogo de brillantes trucos de una chistera sin fondo. Y van…