La joven trombonista catalana Rita Payés publica «Como la piel», su primer disco de canciones propias, un embriagador tratado de jazz, bolero y bossa nova, junto a su madre, la guitarrista Elisabeth Roma.
Vale la pena apostar por Rita Payés. Solo tiene 21 años, pero sus canciones resuman duende, honestidad, clase y pasión. A poco que su talento crezca y no descarrile, puede – perfectamente – acabar jugando en la misma liga que Sílvia Pérez Cruz, Rocío Márquez, Maria Arnal o Andrea Motis, por citar solo a cuatro mujeres que trazan un recorrido similar por algunos de los palos más venerables de nuestra música popular.
El propio C. Tangana, el artista omnipresente en todas las salsas ahora mismo, se hizo eco de la influencia que su música había tenido en su «Comerte entera». Y eso que ni siquiera se conocen en persona ni han llegado a colaborar. Bienvenida sea la conexión, en cualquier caso, si sirve para poner el foco mediático en su música.
C. Tangana reconoció haberse inspirado en la música de Rita Payés para una de las canciones de su nuevo disco.
Parecía que lo de esta trombonista catalana, nacida en el Maresme, iba a ser el jazz. Fundamentalmente. Por algo se curtió en la Sant Andreu Jazz Band de Joan Chamorro. De hecho, este Como la piel (Autoeditado, 2021) bien podría figurar en las cubetas del género en cualquier tienda de discos. Su voz podría resonar también en cualquier festival del ramo. Pero apunta mucho más allá. Es mucho más que eso.
Diversidad estilística e idiomática
Y esa amplitud de miras no es tan frecuente en un disco de debut, aunque tampoco lo es exactamente: ya había grabado con Joan Chamorro y con su madre, la guitarrista Elisabeth Roma, quien vuelve a jugar un papel fundamental aquí en todos y cada uno de los temas como compañera indispensable.

La diversidad de registros, decíamos, es evidente. También idiomática, porque se defiende bien en castellano, catalán y portugués. Y su voz suena siempre dúctil. Suficientemente poderosa como para dominar la canción y que no sea esta la que la domine a ella, más allá de los vericuetos estilísticos en los que se adentre. El trombón, cómo no, es el aderezo que apuntala casi todas las canciones y las dota de una atmósfera reflexiva.
El bolero comparece en «Nunca vas a comprender». La dulce y melancólica cadencia de la bossa nova se hace notar en «Doce de coco» o «Eu desespero». El ritmo de vals mece la inquietante «Loca Mente». Incluso algo parecido a la saudade del fado contribuye a dotar a «Quién lo diría» de una morriña singular.
Solo en su recta final, en «Un tros d’ahir» y «La Rosa», puede decirse que incurre en modismos propios del jazz. Y tampoco de forma meridiana: hay una bien macerada condición híbrida en todo lo que toca. Hay madera de artista que trasciende los academicismos de la escuela de música para forjar un lenguaje propio.
No extraña que sus canciones tengan proyección en Cuba, por ejemplo. El disco ha sido producido por el venezolano Juan Berbín, ganador de un Latin Grammy, y masterizado por Carlos Freitas, quien ha trabajado con Toquinho, Caetano Veloso o Gilberto Gil.
Como la piel (2021) es un disco nacido para cruzar océanos, atravesar continentes, seducir en latitudes lejanas. Y puede ser uno de los primeros cimientos de una de las carreras más sólidas de nuestra música popular. El tiempo lo dirá.