Billy Nomates, Shame, Squid o Goat Girl están confirmando todo lo apuntado antes por Idles, Sleaford Mods o Fat White Family: el renacer del rock británico como hirviente revulsivo en tiempos socialmente aciagos.
Pocos lugares más ciclotímicos para el pop y el rock que el Reino Unido. Su estado de ánimo ha dependido mucho, casi siempre, de su coyuntura social. Y generalmente – hay excepciones, como en todo – ha alumbrado más obras perdurables cuanto más agitado era su clima social: la crisis económica de finales de los setenta dio vida al punk, las enormes colas del paro de la era Thatcher, al primer indie y a la cultura rave, y por la misma regla de tres, los últimos cinco años, sacudidos por el Brexit, el auge de la extrema derecha y una enésima crisis social y económica avivada por la pandemia, nos está procurando los fantásticos discos de todos estos músicos que tenéis fotografiados aquí arriba. La mitad de ellos proceden del sur de Londres, el principal foco creativo ahora mismo, en cierta sintonía post punk.
Por contra, las épocas de bonanza han sido menos fértiles. Sí, los prósperos años noventa nos dieron el brit pop, pero no era oro todo lo que allí relucía. Y los primeros 2000, dominados por Coldplay, Muse y sus decenas de clones, tampoco fueron precisamente su mejor época.
El Brexit, el auge de la extrema derecha y la crisis socioeconómica están estimulando un nuevo esplendor del rock británico más díscolo.
Desde aquí celebramos el nuevo estado de ebullición de la escena british mediante un censo de diez nombres. Algunos ya curtidos durante la última década, otros aún emergentes. Todos están propiciando un renacer de la música popular en el Reino Unido como revulsivo social en tiempos aciagos. La vieja Albión, meca de la músico pop mundialmente más influyente desde los tiempos de la beatlemania, renace con fuerza.
1) Billy Nomates.
Tor Maries es el nombre real de esta joven de Leicester, que vive ahora en Bournemouth, cuya vida cambió hace un par de años tras asistir a un concierto de los abrasivos Sleaford Mods, con quienes ha acabado colaborando. Tuvo la suerte de que Geoff Barrow la fichara para su sello, Nevada, en el cual editó su primer álbum homónimo, repleto de fibra new wave (a veces parece una nueva Chrissie Hynde), descaro y canciones rotundas. Nos visita por primera vez, si una quinta ola no lo impide, el próximo mes de octubre (Barcelona y Madrid).
2) Black Country, New Road.
Poco podemos añadir a todo lo que ya apuntamos sobre ellos cuando escogimos su debut, For The First Time (2021), como nuestro disco de la semana. Ni post punk, ni post rock, ni free jazz ni música klezmer, sino un poco de todos ellos, y a la vez, un sonido ya muy propio teniendo en cuenta que acaban de debutar en largo.
3) Slowthai.
Tyron Kaymone Frampton es el joven de Northampton que se oculta tras el nombre artístico de slowthai (así, todo en minúsculas), y es quien mejor ha sabido tomar el relevo a The Streets, Skepta o Stormzy como portavoz generacional de esa música que navega entre el grime y el hip hop. Su reciente segundo álbum, TYRON (2021) – así, todo en mayúsculas – confirma que tenemos (buen) rapero para rato.
4) Goat Girl.
Son cuatro mujeres, vienen también del sur de Londres, ahora mismo el principal semillero de bandas excitantes del rock británico (de ahí vienen también Black Country, New Road, Black Midi o Squid) y practican una música que podríamos encuadrar en el cajón de sastre del post punk, pero tienen también giros a lo PJ Harvey, amagos de experimentación y una fresca apertura de miras. Muy futuribles.
5) Squid.
Otros bulliciosos vecinos del sur de Londres, aunque en origen proceden de Brighton. Su primer álbum, Bright Green Field (2021), que se edita en mayo pero ya hemos podido escuchar, promete ser una de las revelaciones de 2021. Otra buena ración de post punk anguloso, hondo, sugestivo.
6) Shame.
También del South London, aunque estos ya llevan algo más de recorrido: dos álbumes, el último de ellos, fabuloso, mostrando su espectacular crecimiento. Se llama Drunk Tank Pink (2021) y es otro de los bombazos de este primer tramo del año.
7) Fat White Family.
En apariencia, son más raros que un perro verde. También viven en el sur londinense, para variar. Le dan a las guitarras y a los ritmos sintéticos. Igual recuerdan a The Fall que a Pop Will Eat Itself o a The Birthday Party. Han pasado por nuestro país en varias ocasiones. La última, a principios de 2020, justo antes del confinamiento.
8) Idles.
Son la madre del cordero de la reactivación del post punk iracundo que está poniendo patas arriba la escena británica en los últimos años. En su caso, con influencias del hardcore norteamericano. Los directos de este quinteto de Bristol, por cierto, son apabullantes. Toda una experiencia.
9) Sleaford Mods.
Más madres del cordero aún que los Idles. La pareja que forman Jason Williamson y Andrew Fearn, desde Nottingham, es la prueba viviente de que dos cuarentones sin demasiada formación musical, sin apenas oficio ni beneficio en la industria, se las pueden ingeniar para acabar conectando con varias generaciones a base de un electro punk de bajísimo presupuesto, que retrata como nadie la Inglaterra de la última década. Uno de los éxitos más inverosímiles de la última década.
10) Fontaines D.C.
Vale, aquí hemos hecho algo de trampa: Fontaines D.C. son irlandeses, no ingleses. Y además se nota en sus letras, en su forma de escribir, en su actitud. Pero sus dos estupendos discos no podían faltar su hablamos de post punk surgido de las islas británicas en los últimos tiempos. Además, el crecimiento en los dos años que separa sus dos discos es tremendo.