

Sencillo, efectivo, directo y provocador. Así era el logo que Raymond Pettibon diseñó para la banda punk californiana Black Flag, que se convirtió en el icono de toda una época.
Las cuatro barras en negro sobre fondo blanco que ideó en los años ochenta el dibujante Raymond Pettibon, reminiscente de las enseñas anarquistas europeas, constituyen uno de los diseños más imitados de la historia del rock, en toda clase de memes y parodias.
Pettibon era hermano de Greg Ginn, uno de los fundadores de Black Flag, y también es conocido en el ámbito pop y rock, entre muchos otros trabajos, por su celebradísima portada para el Goo (Geffen, 1990) de Sonic Youth, de cuya curiosa génesis ya dimos buena cuenta aquí.
En realidad, tanto la bandera simplemente negra como la de las cuatro barras negras sobre fondo blanco eran enseñas comúnmente usadas por el movimiento anarquista desde el siglo XIX. Fue Piotr Kropotkin el primer teórico anarquista en mostrar luego su preferencia por la bandera roja.
Pero hasta entonces, tanto el periódico francés Le Drapeau Noir (The Black Flag), en activo hasta 1882, como el grupo anarquista londinense Black International, fundado en 1881, se habían inclinado por el negro. Ese fue el color clásico del anarquismo, y nadie podía entonces prever que un siglo después renacería con fuerza en un ámbito completamente distinto.
El movimiento punk de finales de los años setenta del siglo XX tuvo muchos nexos en común con la filosofía anarquista. Tanto en el Reino Unido como, posiblemente más aún, en los EE.UU., en donde el hábil componente mercadotécnico que ponían en práctica tipos como Malcolm McLaren (Sex Pistols) no existía, y cuyas grandes dimensiones requerían un esfuerzo de autogestión y de sana camaradería por parte de sus músicos, mucho mayor que en las islas británicas. El punk yanqui era un movimiento de base. De pequeñas células creativas que se autoabastecían. De pico y pala.


En ese fermento creativo, y junto a compañeros generacionales como Descedents, Minutemen o Misfits, surgieron en California los Black Flag. Su nombre, idéntico al de aquella vieja publicación anarquista francesa. En un principio se hacían llamar Panic, pero el cambio de nombre obedeció también a la sugerencia de Raymond Pettibon, quien se encargaría asimismo de diseñar casi todas sus portadas.
Fue él quien diseñó el logo de las cuatro franjas verticales sobre lo que simulaba una bandera ondeando. Que en realidad es como una bandera enteramente negra ondeando de forma que los espacios en blanco entre las cuatro barras son en realidad los pliegues de la tela al ser agitada por el viento. Las razones, en cualquier caso, eran múltiples: por una parte emular la vieja enseña anarquista, sí, pero también formular lo opuesto a la bandera blanca de la rendición y hacer de paso un guiño a la estética de los viejos piratas. Algo así como matar tres pájaros de un tiro. Ni imaginaban su posterior trascendencia.








Conforme Black Flag fueron recabando popularidad y llenando salas por su zona de acción, a principios de los años ochenta, su símbolo empezó a aparecer en forma de graffitti en numerosas paredes y murales y la policía empezó a incrementar su presencia en sus conciertos. El artwork que aportaba Pettibon, quien dejó de trabajar con ellos en 1985, era como el propio sonido del grupo, tal y como describía Michael Azerrad en el esencial libro Nuestro grupo podría ser tu vida. Escenas del indie underground norteamericano 1981-1991 (Contra, 2013). Directo, confrontativo, agrio e inteligente. Como sus conciertos, en los que la violencia podía saltar en cualquier momento. Entre los músicos y su público, con los skinheads con ganas de bronca o con la propia policía.
No era algo que estuviera, en modo alguno, en la cabeza de su creador, pero con el paso de los años el logo de Black Flag cobró una importancia inusitada. Su creador, Raymond Pettibon, dejó de trabajar para la banda en 1985 a raíz de su disconformidad con el uso que los músicos habían hecho de un diseño suyo para el disco Loose Nut (Total Access Recording, 1985). Desde entonces, dejó de hablarse con Greg Ginn, su hermano y fundador del grupo.
Pero aún más agria sería la polémica que el propio Greg Ginn mantuvo en 2013 con los Flag, que no era más que una escisión de la banda. Así bautizada, con el nombre acortado para evitar la confusión. Por una parte estaban los Black Flag de Greg Ginn, que seguían en activo, y por otra la escisión integrada por Keith Morris, Dez Cadena, Chuck Dukowski y Bill Stevenson. Ginn demandó a los nuevos Flag por el uso del emblema de las cuatro barras, por considerar que le pertenecía a él y a su sello discográfico, SST. El juez le dio la razón, y retuvo el derecho a utilizarlo de forma exclusiva.
Para entonces, las ideas y los diseños que Raymond Pettibon había plasmado en multitud de carteles y flyers, generalmente llamativos por sus controvertidos motivos (hombres con cabeza de diablo, la imagen de Charles Manson crucificado) ya hacía tiempo que habían hecho historia. En el documental que podéis ver justo bajo este párrafo, de tan solo 22 minutos, podréis saber mucho más acerca de cuál era la inspiración visual que envolvía todo lo concerniente a Black Flag, emblemáticos heraldos del punk de la costa oeste norteamericana y precursores de la explosión alternativa que liderarían grupos como Nirvana una década después.