Ana nació en São Miguel, una isla regida por la religión y las tradiciones. Entre Luis, su mejor amigo queer que ama tanto los vestidos como los pantalones, y su amiga Cloé de Canadá, que trae consigo los brillantes días de la juventud, Ana se embarca en un viaje lleno de nuevos deseos. Wolf and Dog es la oda encantadora a la comunidad queer de la isla donde el resplandor del crepúsculo cruza el inmenso Océano Atlántico.
Para hablar de la película de Cláudia Varejão que se estrena el próximo 12 de septiembre, lo mejor es hacerlo con las propias palabras de su directora.

¿Cómo surgió la idea de Wolf and Dog?
Siempre hay una imagen, una conversación, algo que oyes o ves que desencadena el deseo de hacer una película. En el caso de Wolf and Dog, fue una escena de la que fui testigo. En 2016, me invitaron a una residencia artística en la isla de São Miguel.
En los primeros días de mi estancia, bajé a un lugar de pesca de donde me alojaba. Me senté en un muro bajo para observar a un grupo de pescadores que limpiaban sus redes. Eran hombres de cuerpos poderosos, brazos y piernas tatuados y rostros esculpidos por el sufrimiento y la vida marina. No había ni una sola mujer en el horizonte, era un ambiente masculino casi cerrado. Yo los observaba desde la distancia y de repente vi acercarse a un grupo de chicas. Eran jóvenes y guapas, llevaban vestidos ligeros y la cara maquillada.
Al pasar, me sonrieron y me di cuenta de que eran jóvenes transexuales. Al verlas caminar hacia el grupo de pescadores, me pregunté si se comportarían bien con ellos. Seguí la escena con la mirada y, para mi sorpresa, el grupo de mujeres jóvenes se acercó a los pescadores, que las abrazaron y besaron. Me di cuenta de que estaban unidos, de que tenían lazos familiares. Al parecer, estos mundos opuestos sabían comunicarse entre sí aunque hubiera cierta tensión. Esperé a que las chicas volvieran hacia mí para hablar con ellas. Fue entonces cuando empezó todo. Unos años de investigación, escritura y producción después, nació Wolf and Dog.
¿Qué lugar ocupa la película en tu filmografía, existe algún vínculo con sus películas anteriores?
El proceso de investigación y construcción de Wolf and Dog fue exactamente el mismo que el de mis documentales: mi interés por alguien, desplazarme cerca de donde vive esa persona, una especie de encuesta para reunir material narrativo y visual, el casting y, al mismo tiempo,, la constante escritura y reescritura. Lo mejor de esta película es que desde el principio supe que tendría más presupuesto y que podría trabajar con un equipo mayor de lo habitual y, al mismo tiempo, ser más ambiciosos técnicamente. Me permití utilizar la ficción como un espacio de libertad para los personajes. Mucho de los jóvenes de la película, en su vida cotidiana, no se permiten ser quienes realmente son. Esto sólo era posible a través de la ficción. Pero la gramática del cine sigue siendo la misma.
¿Qué te atrajo de las Azores y, más concretamente, de la isla de
São Miguel?
Me interesaban mucho las historias particulares asociadas a este lugar: la forma tan musical de hablar portugués, las tradiciones culturales, la presencia tan profunda de la religión, las leyendas locales llenas de misterio y, sobre todo, la impresionante polaridad entre generaciones. También me gustan los lugares que tienen cualidades cinematográficas, como los de la isla de São Miguel. El mayor reto para mí era captar todo esto. Tuve la misma sensación de encanto hace unos años, cuando rodé en Japón una película sobre las Amas, las pescadoras submarinas. Sentí el mismo amor a primera vista por este lugar que por esta isla.








¿Cuáles eran las especificidades de la isla en términos de género?
Las islas son lugares paradójicos: por un lado, la gente vive entre sí, en un círculo vicioso, y por otro, el mar representa un acceso directo al resto del mundo. También observé allí, y más aún en los barrios populares, una asignación muy estereotipada de los papeles de género: las mujeres siguen estando muy asociadas a las tareas domésticas y relacionadas con los niños, y los hombres al trabajo físico, como la pesca o la agricultura. Las nuevas generaciones crecen en este contexto al tiempo que tienen una conexión real con el resto del mundo a través de las redes sociales. Son jóvenes con nuevas herramientas que saben que la vida puede ser mejor que la que viven en casa. Son el puente hacia la vida, aunque muchos isleños no los reconozcan como tales.
¿Cómo describirías a los tres personajes principales de la película,
Ana, Luis y Cloé?
Ana es una joven muy conectada con su mundo interior y algo contemplativa. A través de lo que ve, construye en silencio el mundo que sueña para sí misma. Ana es un poco como la vocecita que hay en cada uno de nosotros, libre y encaramada. Luis es quien rompe todos los modelos de su rol social. No lo hace con espíritu de combate, sino por un sentimiento de libertad y a pesar de la mirada de los demás, especialmente de su padre y de sus compañeros de clase. Tiene la fuerza de un volcán en su interior, que puede explotar en cualquier momento. Cloé es un cometa en el cielo de Ana. Trae consigo todo el brillo de la juventud. Al cruzar la vida deAna, ilumina su camino futuro ofreciendole ligereza, sensualidad y apertura a las experiencias. Es un personaje que estimula los placeres de los sentidos.
Las creencias ancestrales y la religión son muy importantes en la vida de la isla. ¿Cómo se te ocurríó vincular estos temas a los
planteados por la comunidad LGBTQI+?
Quería sobre todo mirar la vida de la gente y contar las historias que me ofrecían. El catolicismo está en la raíz del asco de algunas personas a la diversidad de la humanidad, con el rechazo de las uniones entre personas del mismo sexo, la no aceptación de las vidas y los cuerpos trans, la visión de la sexualidad como territorio de la procreación, el rechazo del placer corporal. Lo cierto es que estas creencias siguen propagándose a través del miedo y la pobreza. Estos comportamientos siguen siendo extremadamente visibles en la vida de las personas. Una película sobre la juventud y la diversidad tiene que mostrar esto, pero también las oposiciones.
Paul B. Preciado se menciona en la película, ¿por qué era
importante para ti?
La idea principal que Preciado aporta a la película es que, a pesar de nuestra aparente fragilidad, está en nuestra capacidad para romper con los códigos de género y encontrar nuestra identidad. La idea de que hay que entender la valentía de una manera diferente a los que nos han dicho toda la vida: hace falta volar para desviarse de la norma, para arriesgarse a tomar otros caminos, otras pieles, otras voces. Es necesario comprender lo que significa la diversidad en la lucha de la vida cotidiana. La falta de diversidad significa pobreza, incapacidad para afrontar los retos de la vida, es la muerte de nuestros cuerpos y mentes.
En cuanto a la puesta en escena y la estética, ¿cuáles eran tus
intenciones, tus deseos?
Mi mayor deseo siempre ha sido unir realidad y ficción en una danza íntima. Cuando se logra este equilibrio entre los mundos, la historia cobra vida propia y me permite contemplarla y escribirla con mis ojos, sonidos e imágenes. Viendo hoy la película, reconozco que he caminado muchas veces gasta este mismo lugar.
¿Puedes contarnos algo más sobre el proyecto (A)MAR?
La fase de casting fue larga para esta película y sólo con gente de la isla de São Miguel. Hubo más de mil reuniones y la fase de selección duró más de 8 meses. Hablé con cientos de jóvenes y tuve acceso a sus mundos íntimos que, la mayoría de las veces, estaban llenos de tristeza y soledad.
