
Se publica en castellano el libro más exhaustivo nunca escrito sobre la banda liderada por Kurt Cobain, a cargo del periodista neoyorquino Michael Azerrad.
Hay libros que funcionan como documentales. Los lees, y te parece estar viendo uno. Por su reparto coral. Por lo completo de su relato. Por la enormidad de detalles que revelan. Por la forma en la que insertan tantas piezas distintas en un mismo puzzle, de modo que todas encajen. Por lo ágil de su pulso narrativo, que engancha desde la primera hasta la última línea si necesidad de recurrir a la mera historia oral.
Uno de esos libros es Come As You Are. La historia de Nirvana (Contra, 2021), del periodista neoyorquino Michael Azerrad, ya a la venta. Ni siquiera es necesario ser un fan acérrimo de la banda del noroeste norteamericano para dejarse abducir por sus absorbentes 480 páginas.
Su mérito es aún mayor desde el momento en que son prácticamente incontables los libros que se han publicado sobre Nirvana desde la súbita muerte de Kurt Cobain, el 5 de abril de 1994. Los desajustes de nuestro panorama editorial respecto al anglosajón han querido que el libro, publicado originalmente en inglés seis meses antes del deceso de Cobain, hace ya más de 27 años, nos haya llegado aquí y en castellano (excelentemente traducido por Elvira Asensi), con enorme retraso respecto a muchos otros volúmenes que exploraban aquella historia.
Todos ellos lo hacían desde un plano más superficial, más parcial o más incompleto: así eran Kurt Cobain. Diarios (Reservoir Books, 2003), El enigma Kurt Cobain, coordinado por Martin Clarke y Paul Woods (Robinbook, 2007) o Recordando a Kurt Cobain. Serving The Servant, escrito por su manager, Danny Goldberg (Alianza Editorial, 2020). Por solo mencionar unos cuantos.
Eran compendios de escritos en primera persona, visiones colectivas o interesantes confesiones de parte. Todos ellos, valiosos. Pero les faltaba la panorámica completa. Claro, por algo ya estaba trazada.

Come As You Are. La historia de Nirvana (Contra, 2021) es el único libro que cuenta con los testimonios de todos y cada uno de los músicos que formaron parte de Nirvana, desde sus orígenes en 1987 hasta 1993, y también con familiares, allegados y casi todo el entorno (discográfica, management) del grupo. Solo por eso, ya sacó varios cuerpos de ventaja insalvables para cualquier otro teórico competidor.
Pero es que, además, Michael Azerrad tuvo ocasión de trabar una buena amistad con Kurt Cobain, por mucho que la relación entre un músico célebre y un periodista siempre se vea abocada a tener algún inevitable punto de fricción, especialmente cuando este -como fue el caso del rockero de Aberdeen- se ve obligado a imponer un cordón de seguridad sobre su privacidad ante la voracidad carroñera de los medios sensacionalistas y algunos otros que también lo eran aunque no lo parecieran. Así fue casi todo lo que rodeó sus tumultuosos dos últimos años de vida.
Fundamental es también la descripción de la vida de Cobain y del bajista Krist Novoselic en su entorno, el de una población del norte del estado de Washington laboralmente deprimida, con altas tasas de alcoholemia y depresión, con un clima frío y lluvioso, con familias desestructuradas que siempre les deparaban un difícil encaje y un crecimiento psicoafectivo más que complicado. Al fin y al cabo, ese no deja de ser uno de los principales combustibles del rock, su capacidad como fermento para misfits en busca de redención con el mundo, su papel de tabla salvadora a la que agarrarse, aunque aquí brindara unas particularidades locales muy acentuadas.
Nirvana fueron uno de los grandes fenómenos de la industria de la música popular cuando se regía por parámetros anteriores a internet.
Nirvana fueron, más allá de gustos personales, uno de los últimos grandes fenómenos que nos deparó la industria de la música popular cuando aún se regía por aquellos parámetros previos a la irrupción de internet. Partían de un sello independiente pero ambicioso, como Sub Pop. Procedían de una región ya cegada por los focos mediáticos, los que se fijaban en las virtudes el grunge pero también (en muy menor medida) en el riot grrrl o el rock naïf de K Records.
Ficharon por una de esas raras multinacionales con pedigrí de integridad creativa, la del sagaz David Geffen, que les permitió publicar con pleno despliegue de su maquinaria un disco tan áspero como In Utero (Geffen, 1993), y mientras vendían millones de discos con un poder de contagio que iba más allá de cualquier hábil campaña de marketing, lograron dar algo de visibilidad a algunos de los músicos (bastante menos populares) que les habían precedido, como Sonic Youth (fueron quienes, ya desde Geffen, instaron a su fichaje), Hüsker Dü, Dinosaur Jr o Black Flag: todo ese sustrato creativo, tremendamente deslocalizado respecto a las grandes capitales pero interconectado entre sus células desde el underground, que tan bien supo retratar el propio Michael Azerrad en su también imprescindible Nuestro grupo podría ser tu vida. Escenas del indie underground norteamericano 1981-1991 (Little Brown, 2001/Contra, 2013).
El trabajo de Azerrad en este libro fue tan sumamente detallado, tan exhaustivo, tan completo que ponía en cuarentena ya desde un principio algunos de los tópicos que perseguirían a Kurt Cobain muchos años después de su muerte en el reflejo que la mayoría de medios proyectaban de él: el artista torturado por su propio éxito, el portavoz generacional, el ídolo ensombrecido por un destino fatal. Y lo más valioso es que esa visión, tan ecuánime y alejada de estereotipos, se mantiene en el capítulo final que el autor escribió hace solo unos años, más de dos décadas después y con la perspectiva del tiempo transcurrido.