Sr. Chinarro publica el 1 de octubre Las fuerzas y los cuerpos, diez canciones grabadas en apenas cinco días, de las que ya se conocen «El deseo del genio», «Cantautor foráneo» y «Mi palmera».
Hace apenas un año recuperó algunas de las primeras canciones en El año de la pera. No tenía entonces material suficiente para otro disco y aquella mirada atrás terminó funcionando, según cuenta, como una especie de reinicio de su propio sistema operativo.
De ahí sale Las fuerzas y los cuerpos. Diez canciones grabadas en cinco días, con una banda capaz de convertir una grabación de móvil y una guitarra sin enchufar en algo que, puesto a todo volumen, le parece «un milagro». Luque escribe ahora muchas de sus letras con el teléfono, sentado frente al mar; habla del cuerpo que envejece, de deseo, política, relaciones, miedo o el engranaje avaricioso de las industrias y del mundo.
Todo cabe en diez canciones, también el humor, que en Sr. Chinarro suele aparecer justo cuando las cosas amenazan con ponerse demasiado serias.

El año de la pera sirvió, en parte, para volver a ponerte en marcha… ¿Qué se movió ahí para que después apareciera este disco?
Se me removió algo por dentro viendo que estaba gastando horas de estudio y presupuesto en grabar canciones que ya estaban grabadas. Lo hice en aquel momento, hace justo un año, porque no tenía suficiente número de canciones nuevas para grabar un disco. Justo cuando terminamos de grabar El año de la pera, me puse a hacer canciones como un poseso. Quise aprovechar para que esas canciones tuvieran el sonido que yo creo que merecían y que, en su día, por falta de presupuesto y de experiencia mía en los estudios no quedaron como yo quería.
Y tras desempolvar canciones de hace treinta años, ¿cómo fue regresar a escribir desde el presente?
Estuvo bien porque fue como volver a cargar mi sistema operativo, ¿no? Como si alguien de Windows, para desarrollar la nueva versión, mirara por qué empezó. Aparte aprovechando que entraba Sandra en el grupo, aunque salvo en una canción, no hay prácticamente sintetizadores en Las fuerzas y los cuerpos, sí que está la voz de Sandra, que es lo que más se reconoce, mucho antes que un sintetizador.
El título Las fuerzas y los cuerpos tiene algo físico: lo que empuja frente a lo que resiste… ¿Cuál es el verdadero significado que hay detrás?
Refleja un poco mi experiencia vital y mis inquietudes en estos momentos. Está mi cuerpo en claro deterioro, los años van pasando y ya es algo que no se puede obviar y, a la vez, cómo la fuerza de gravedad se va haciendo cada vez más presente. En cuanto me descuide… aunque todavía espero que me quede como mínimo un tercio más de la vida.
Y celebrando los cumpleaños de verdad, por fin, porque empieza a ser un mérito cumplir. Por otro lado, el miedo a un nuevo golpe de Estado, como el que hubo en el año 36. Me parece que es tan posible ahora como lo fue entonces. Los malos siempre han tenido el poder y siempre lo tendrán, y cada vez que les convenga, se cargarán a todo el mundo y les robarán todo lo que tienen.
En los adelantos también hay deseo, relaciones, oficio, el paso del tiempo… ¿Qué se va a encontrar el oyente y hasta qué punto hay un hilo que conecte todo eso?
Hay un hilo conductor, sí, muchas caras de lo mismo. Ojalá, al final, formen un volumen de diez lados perfectos que encierran la idea general, que es esa que digo… Hablo mucho de política, del Estado, aunque ya por consejo de mi terapeuta he dejado de ver las noticias más de diez minutos al día. La situación es preocupante, yo veo a la gente muy cabreada.
Cuando los jóvenes se cabrearon -nos cabrearon-, yo era un poco más mayor, no llegué a acampar en las plazas, pero debería. Ahora que lo veo con distancia, debería haberme implicado más en aquello.

Y musicalmente el disco se mueve bastante, ¿cómo describirías el sonido de este álbum? ¿Había algo que te apeteciera probar esta vez?
Esto es un tópico, tantos discos se graban así -en realidad, hay que grabarlos así porque grabar un disco vale mucho dinero-, pero se hizo un directo: dos guitarras, bajo, batería y ya está. Luego se pinchaba un poco la guitarra solista que siempre tiene más dificultades. La voz la volví a grabar, pero grabé todas las voces del disco en un día, que creo que esto no lo había hecho nunca. Dije: “Ya no quiero volver más aquí”, y grabamos todas las bases en tres días y medio: medio día para las guitarras acústicas, percusiones, voces de Sandra y las mías. Cinco días en total.
Probé un amplificador que no era el que usaba normalmente, un Hiwatt de los años 90, que tiene un sonido más crujiente, más agresivo. Esto y un pedal de overdrive que pisé un poco más de lo que suelo pisar. También uso una Fender Custom Shop que suena increíble, tiene un sonido muy presente, potente, muy fuerte, que no había escuchado en mi carrera en ninguno de los discos. La batería es muy contundente y está todo muy pegado… No llegamos a ser Nirvana ni nada de eso -ojalá-, pero sí que tiene una fuerza que yo creo que viene bien. El otro día en el coche escuchando el CD pensé: «Somos los Sonic Youth ahora».
¿Todavía hay algo del proceso de hacer un disco que consiga sorprenderte?
Sí, ya ves que en este disco mi guitarra suena como no había sonado nunca… También me sorprende que tengo una banda muy rápida. Montamos las canciones en un par de ensayos. Cuando llevo una música que ya está hecha -la melodía, la letra, la base armónica-, aunque estoy dispuesto a cambiar cosas en función de lo que hagan ellos, me sorprende lo rápido que le dan una forma, que deciden un ritmo, a dónde llevarla. Y ese momento para mí es mágico, cuando una cosa que era una grabación en el móvil, con la guitarra sin enchufar, pasa a ser una canción potente. Cuando lo grabas y lo pones fuerte, es un milagro.
¿Algún descubrimiento o referencia nueva?
Son muchos años llenos de música y hay trozos de melodías que a uno se le quedan en la cabeza. Lo que hacemos es recombinar esos trozos. Muchas veces me doy cuenta de que trozos de melodías mías se parecen a cosas que escucho: puede ser un anuncio de la televisión o una canción que no te gusta. Igual que haces frases usando palabras: «¿Qué día aprendí la palabra abedul?», no lo recuerdo, pero puedo usarla en una letra. Mis artistas favoritos son los mismos de hace mucho tiempo, este año no he descubierto ningún artista que no conociera ya, así que no puedo decir novedades, pero lo que sí puedo decir es que me gustan mucho los que me gustan.
En otras ocasiones has hablado de cierto pudor con lo personal. ¿Qué ha cambiado más con los años: lo que te atreves a contar o la forma de contarlo?
Tanto en este disco como en Cal viva, escribí las letras en la playa con el teléfono mirando al mar, porque ahora vivo así, jubilado, en realidad. Y si me quieren venir a buscar los malos, pues ya saben.
El caso es que la primera vez que monto las canciones con la banda no tienen letras, me espero para ver si al tocarlas con la banda quedan bien. Ya cuando hago las letras, se las mando por el grupo de WhatsApp. Para mí es como un juego en el que pretendo sorprenderles y hacer gala de la velocidad con la que lo hago, porque igual la mañana que estoy inspirado en la playa hago tres letras. «Mirad qué eficiente, mirad qué rápido soy.» Pero claro, esto lo puedo hacer cuando tengo cosas que decir. No es que pueda hacer un disco cada seis meses. Me dice mi terapeuta que lo intente, pero no sé si la industria está preparada para eso. Ni mi presupuesto.
Cuando una canción empieza a ponerse demasiado seria, ¿el humor te sirve para sabotearla o tomar distancia?
Sí, yo creo que todas las canciones tienen un punto de humor. En realidad, el humor es una defensa, es el clavo ardiendo al que te agarras para no terminar de caer. Y pasa, ¿no? Siempre se ha dicho que los humoristas son, normalmente, personas con depresión. Yo no he llegado a la depresión, pero la he visto de cerca a ratos. Es verdad que, normalmente, mis pensamientos son un poco oscuros y el modo de salir de ahí es con el humor. Las letras son como soy yo. Intento también que tengan varios significados, juego mucho con los dobles sentidos o qué significa una frase sola y qué puede significar en relación con otra.
Tengo trucos para quedarme con los conceptos. Por ejemplo, el otro día tocábamos en Granada cuatro canciones nuevas del tirón y para aprenderlas, voy a los razonamientos que me llevaron de una frase a la siguiente. Recuerdo lo que pensé mientras las escribía y eso hace que sea más sencillo recordarlas.

La portada de Ana Truan reúne animales, árboles, algo en el fondo que parece arder… ¿Qué viste tú en esa imagen para reconocer el disco?
Ana Truan es mi pareja también y estábamos pensando en la portada, le había dado una idea, pero, de pronto, estaba en la cama y pensé: «La portada es esa», estaba colgada en frente.
Era verano cuando lo decidí, estaban todos los incendios forestales, la muerte y la destrucción. El tema de los incendios también es terrorismo fascista, los que odian los árboles, la naturaleza… Si no la están destrozando, no son felices. Ahí vi la portada y pude hacerle una foto con el permiso de ella. Es una buena artista con ese mundo interior que tiene que respaldar todas las obras de arte. Cuando hay un artista, lo veo, claro. Los artistas nos reconocemos fácilmente.
Has vivido muchas transformaciones de la industria musical, ¿te han importado realmente? ¿Han cambiado tu manera de trabajar?
Son las mismas transformaciones del mundo, es siempre la codicia, la avaricia, la ambición. Es que los ricos nunca tienen suficiente. Es el mismo motor el que ha ido haciendo que la industria musical cambie, como todas las industrias en general. No les valía el vinilo, sacaron los CDs, que costaba muchísimo menos dinero fabricarlos, por razones obvias, y empezaron a cobrarlo a 25 euros cuando los vinilos valían 15. Ahora los CDs nos parecen una maravilla porque suenan mejor que las plataformas de streaming y, aun así, ahora está todo en Spotify, además de estar aceptando música hecha con inteligencia artificial. Es decir, directamente no existirá no solo el disco, sino tampoco el músico, es increíble.
No se dan cuenta, ganaban mucho más dinero cuando sacaban vinilo e invertían en buena música. Al final, vamos a quedarnos sin nada, yo animo a la gente a que vuelva a descargarse los discos de donde buenamente pueda.
El mundo va veloz, pero todo vuelve. Un amigo el otro día le regaló a su novia un tocadiscos que ella quería…
El placer que yo sentía cuando iba a las tiendas de discos a rebuscar con mucho esfuerzo, lo llevaba a casa y lo ponía… Eso a las nuevas generaciones se lo han robado. Además, a todo el mundo le gusta darse un paseo e ir a ver las cosas que le gustan. No hace falta tener la sensación de saber que tengo toda la música ahí, en Spotify o en Apple Music, basta con tener la que te guste.
Después de tantos años haciendo música, ¿qué has aprendido a no hacer?
He aprendido a no hacer nada que es lo que más me gusta hacer. Recuerdo esa frase de Fernando Fernán Gómez cuando decía que estaba perfectamente capacitado para no hacer absolutamente nada. Yo estoy capacitado, si algún día la gente deja de ir a los conciertos y ya se cansan de Chinarro o resulta que todo el mundo es facha y se indignan con estas entrevistas y ya no van a verme, pues me quedo en la playa. El otro día vi saltar un atún a lo lejos, así que con ver saltar un atún cada tres o cuatro meses, me considero realizado. No necesito más. También puedo leer o escuchar algo de música, es lo que me queda, por suerte.



