
Mick Rock, fallecido el pasado fin de semana en Nueva York a los 72 años, deja tras de sí un enorme legado fotográfico que inmortalizó para siempre a algunas de las grandes estrellas del género.
Los años setenta fueron un tiempo de profundos cambios sociales. La gran mayoría de ellos llegaron a ritmo de rock. Y ahí estaba Mick Rock (1948-2021) para inmortalizar a casi todos sus grandes protagonistas. El proto punk, el glam, el propio punk, la new wave y el after punk fueron estilos musicales cuyas obras se vieron bien surtidas por sus fotografías. Ya fuera en forma de imágenes para portadas de discos o fotografías icónicas que, publicadas en la prensa del momento, han pasado a la historia.
La ambigüedad sexual y el sentido de la provocación del glam rock, con figuras como David Bowie y Lou Reed jugando con los roles de género para crear nuevos significados y hacer del rock una fuerza motriz de equívocos, insinuaciones y travestismos varios, tienen en sus ilustres capturas algunos de sus momentos más emblemáticos.
Iggy Pop adelantándose al punk, enseñando su torso desnudo en la portada de Raw Power (Columbia, 1973). Lou Reed y David Bowie dándose el lote en un encuentro público. Los Ramones posando con su tradicional semblante desafiante, como los tarugos más entrañablemente cool del planeta que eran. Los cuatro miembros de Queen, con sus melenas lacias y sus vestimentas estrafalarias, mirando fijamente a la cámara en esta estampa que el videoclip de «Bohemian Rhapsody» (1975) inmortalizó universalmente. O Debbie Harry, frontwoman de Blondie, luciendo sexy e intimidante cuando su banda estaba en la cresta de la ola. Son solo algunas de las instantáneas que mejor explican su trabajo.
Mick Rock, como difícilmente podía ser de otro modo, fue amigo personal de algunos de los músicos a quienes retrató. Entre ellos Syd Barrett, el enajenado líder de Pink Floyd que acabó sumido en el ostracismo, víctima de sus propios delirios tras abandonar el grupo. Mick Rock logró con él lo que nadie más había conseguido: que este accediera hace veinte años a salir de su guarida y firmar varios ejemplares del libro Psychedelic renegades (Genesis Publications, 2001), repleto de fotografías que este le había hecho. Uno de sus mejores compendios de fotografías suyos, junto a otros que firmó sobre Queen, David Bowie o la propia Deborah Harry.
La historia del rock sería otra sin su cámara.






