El incombustible Mike Scott está de vuelta con un nuevo disco, All Souls Hill, y una nueva gira con la que vendrá en septiembre a Madrid, Murcia y Granada. Hemos hablado con él.
Hay quien sigue asociando a The Waterboys eternamente a los años ochenta, pero Mike Scott (Edimburgo, 1958), que es su alma mater y el único músico que justifica la pervivencia de la marca, lleva casi cuatro décadas demostrando que no se duerme en aquellos laureles.
En un músico inquieto, hasta cierto punto ecléctico, siempre ávido por ir renovando su amplísimo fondo de armario, que tiene en el estimulante All Souls Hill (Cooking Vynil, 2022) su último capítulo.
Un disco con el que nos visitará en un par de meses. Estará el 15 de septiembre en La Riviera de Madrid, el 16 de septiembre en el recinto La Fica de Murcia como parte del Visor Fest y el 17 de septiembre en el Generalife de Granada dentro del Ciclo 1001 Músicas.
Ayer nos atendió por zoom desde su casa en Dublín, y estuvimos charlando con él sobre este nuevo trabajo, sobre política, sobre el estado de la industria e incluso sobre el curiosísimo origen del magnetismo que para el público español tienen canciones añejas como «The Pan Within», que le llevaron a emprender una fascinante labor de investigación para explicar el fenómeno.
Es un disco muy diverso. ¿Sientes cada vez más la necesidad de desmarcarte de la visión folk de discos como Fisherman’s Blues (1988) o el rock grandioso de This Is The Sea (1985), que son tus dos trabajos más recordados por el gran público?
Bueno, cada uno de mis discos es diferente. Fisherman’s Blues (1988) era diferente a This Is The Sea (1985) y Room To Roam (1990) era diferente a Fisherman’s Blues (1988). Y así sucesivamente. Crecí en los años sesenta, cuando cada nuevo álbum de The Beatles era distinto al anterior. Y la música evolucionaba rápidamente. Así que para mí es normal. Y de todos modos, aquellos dos discos que has mencionado son de hace más de 35 años. Nadie lleva la misma ropa que hace 35 años.
Creo que tienes ya incluso grabado un nuevo disco, el sucesor de All Souls Hill (2022). ¿Fue la pandemia un tiempo inspirador para ti, o simplemente tuviste mas tiempo porque no había giras a la vista?
Sí, tuve más tiempo para centrarme en grabar, y también tuve más tiempo para ejercer de padre, esos fueron dos aspectos positivos. Tengo un hijo que entonces tenía tres años, ya nacido aqui en Dublín. Mi próximo disco ya está prácticamente acabado, de hecho fue grabado antes que All Souls Hill (2022), que salió muy rápido. No tendrá nada que ver con los últimos cuatro o cinco discos, ni musical ni temáticamente. Es un disco que cuenta una historia. Parecido a An Appointment With Mr. Yeats (2011) por estructura, no porque adapte poemas.
«Boris Johnson es un tipo absolutamente nefasto, y conviene cuidado con Trump porque aún cuenta con el apoyo de fundamentalistas y racistas».
Supongo que unas de las canciones de All Souls Hill (2022), «The Liar», por su letra, trata sobre Donald Trump.
¡Sí! No hace falta ni que lo mencione.
Estamos en 2022 y puede que una letra sobre él parezca obsoleta, pero es bastante posible que vuelva a presentarse a las elecciones en un par de años, ¿no?
Sí, yo creo que lo intentará. Y creo que debería estar en la cárcel.
El caso es que sigue gozando de un apoyo muy importante por buena parte de la población norteamericana.
Hay mucho racismo en los EE.UU. Trump es un estandarte para ellos. Y tienes a los fundamentalistas cristianos, y él ha prometido abolir el aborto e incrementar la mayoría de derechas en la Corte Suprema, y a toda esta gente, que en realidad no son cristianos de verdad, son fundamentalistas, son cristianos de pega, pero hay millones en Norteamérica, eso les encanta. Él satisface a dos grupos particularmente conservadores y autoritarios, los racistas y los fundamentalistas. Y de ahí es de donde viene casi todo su apoyo.
¿Crees que tenemos peores gobernantes que hace 30 o 40 años, en general? Te lo pregunto también por Boris Johnson, que está de actualidad por haberse visto obligado a dimitir.
Boris Johnson es absolutamente nefasto. No puedo hablar por otros países, pero por lo que sé de Reino Unido y los EE.UU… no lo sé, hace cincuenta años también estaba Nixon, que era malo. Es difícil saberlo. Aunque en Gran Bretaña, con la única excepción de Margaret Thatcher, creo que todos los primeros ministros podían ser de izquierdas o de derechas pero no ir demasiado lejos con ello. No eran extremistas. Había una cierta comprensión de que las cosas debían salir adelante, progresar. Margaret Thatcher se cargó todo eso. Yo nunca se lo perdonaré.

Volviendo al disco, hay canciones como «The Southern Moon», con bases casi electrónicas.
¿Electrónica? No hay nada de electrónica en este disco. De hecho, no escucho música electrónica. Digamos que son ritmos sacados de la música soul y hip hop.
¿Escuchas mucho hip hop? ¿Actual o de la vieja escuela?
Actual. A Kendrick Lamar. Mucho. Soy fan suyo desde hace años. Su último disco me encanta, por supuesto. Una de las cosas que más me gustan del hip hop es que es un género muy audaz, y sus productores lo meten todo en su coctelera. Efectos de sonido de todo tipo. Me recuerda a la música de la era psicodélica, en los sesenta, y también al do it yourself del punk. Hay algo en común con el espíritu aventurado de aquellas dos épocas.
«Todos los días aparecen músicos en mis sueños».
Quizá también la cultura del hip hop ha tenido siempre menos reparo que la del rock en reconocer que robaba de otros géneros, que se nutría de cosas ya anteriores, ya que nace sampleando fuentes de toda procedencia.
Bueno, no sé si reparo es la palabra correcta, pero lo cierto es que la mayoría de compositores son bastante respetuosos con la obra de otros músicos y sus copyright. Yo alguna vez he escrito una canción y me he dado cuenta de que su estribillo coincidía con el de otra canción que no era mía. Me pasó con A Rock In The Weary Land (2000), que tenía una canción llamada «Is She Conscious?», y cuando la escribí me di cuenta enseguida de que el estribillo era igual que otro que decía «Is She Waiting?», de un grupo poco conocido, McDonald and Giles. Ambos habían estado en King Crimson, e Ian McDonald en Foreigner más tarde. No quise robarles, así que le dije a mi editor que se pusiera en contacto con Ian McDonald y me ofrecí a compartir la rúbrica de la canción. Y creo que muchos músicos hacen lo mismo. Creo que la cultura del hip hop es distinta porque trabajan muy rápido. Y lo meten todo ahí. Pero cualquier artista de hip hop te podrá decir que hay un ejército de juristas velando por lo derechos de copia de los músicos, y que eso les obliga a eliminar muchos samples no autorizados. Quizá cuando empezaron sí que era más como el salvaje oeste, pero ahora todos están muy concienciados.
En «In My Dreams» mencionas a los Rolling Stones, King Crimson, Iggy Pop, Marc Bolan o David Bowie, que se te aparecen en sueños. ¿Todos?
Sí, todos ellos. Todo lo que dice la canción es verdad.
¿Encuentras inspiración en los sueños?
Los encuentro interesantes. En muy rara ocasión los encuentro tan inspiradores como para levantarme, coger papel y boli y escribir una canción. Pero me resultan interesantes porque son una ventana a nuestro subconsciente. Analizar mis sueños es una forma de saber cómo me siento. Y es bastante divertido que salgan tantos músicos en mis sueños. Los Rolling Stones se me aparecen todas las noches, al menos Mick Jagger y Keith Richards, y no sé por qué. Solía pensar que los sueños te mostraban esas cosas que intentas ocultar, pero yo ya pienso a menudo en Mick Jagger y Keith Richards cuando estoy despierto, así que no tienen derecho a salir en mis sueños. Es muy curioso. Mis compañeros de banda tambien salen a menudo en mis sueños. Nuestro bajista, Angus, apareció anoche.
¿Son todos ídolos musicales tuyos los que mencionas en la canción?
No, en absoluto. Simplemente aparecen en mis sueños. Como Vivian Stanshall, de The Bonzo Dog Band. Que me gustan, pero no son mi héroes. Rara vez son músicos.

Has hecho una versión de «Once Were Brothers», de Robbie Robertson (The Band). ¿Por qué?
Me encanta. La escuché en el documental sobre The Band, que se llamaba igual. La escuché mucho en el disco Sinematic (2019) de Robbie Robertson, que compré. La podría haber escuchado en streaming, pero me gusta comprar discos y apoyar a los músicos. La escuché una y otra vez. Le añadí un verso. No pensé que saldría publicada, fue solo por diversión. Pero escribimos a Robbie y le gustó, nos dio su permiso y la incluimos en el disco.
¿Cómo mantienes la ilusión por seguir haciendo música, tras cuatro décadas?
No lo sé. Las canciones siguen viniendo. También el deseo de hacer nuevos sonidos. Y tengo muy buenos colaboradores en la banda, empezando por los teclistas, Brother Paul y James Halliwell. Escribo con ambos. Me mantienen al día. Fresco. James es más clásico, Brother Paul es más moderno. Si tengo una letra que necesita una música más bien clásica, voy a James. Si necesita una producción más moderna, voy a Brother Paul.
¿Están ambos en tu formación de directo?
Sí, los dos.
No sé si es la misma con la que nos visitaste en 2018.
Brother Paul es el único que permanece de esa formación. Y Steve Wickham, nuestro violinista, se ha retirado de las giras con los Waterboys. Durante la pandemia se centró en escribir su propia música, y más tarde vino a verme para decirme que no quería seguir girando, además de que en los últimos discos no había necesidad de meter un violín más que en dos o tres canciones. Él sentía que era el momento de hacerse a un lado. No descartamos rescatarlo en un futuro si hacemos una gira con las canciones de Fisherman’s Blues (1988), por ejemplo.
¿No habrá violinista en esta gira?
No en esta gira. Yo nunca reemplazaría a Steve Wickham. ¿Quién se atrevería?
«Nadie puede reemplazar a Steve Wickham».
Por cierto, quería preguntarte sobre aquellos dos discos que sacaste en los noventa como Mike Scott para luego retomar de nuevo la marca The Waterboys, porque comercialmente no fueron muy bien. ¿Crees que el público de tu generación es, al revés de lo que ocurre hoy en día con los adolescentes y veinteañeros, más de bandas que de solistas?
No lo sé. Mi primer disco como Mike Scott no funcionó tan bien como los de The Waterboys, y me di cuenta de que el nombre de Mike Scott no significaba lo mismo que The Waterboys. La magia la tiene la «W». ¿Conoces a The Decemberists? Pues Colin Meloy me invitó a cantar «Fisherman’s Blues» con él en Londres, hace quince años, y cuando me presentó a la audiencia como Mike Scott, el público me regaló un buen aplauso, pero no mencionó a The Waterboys, y estoy seguro de que si lo hubiera hecho, la sala habría entrado en erupción. Yo me había estado ocultando durante años tras la marca Waterboys, de forma no deliberada. Cuando emprendí carrera como Mike Scott en los noventa, pensé que todo el mundo sabría quién era, pero no fue así. Y cuando giré con banda para presentar el segundo, Still Burning (1997), me di cuenta de que era un error. No tenía sentido tocar con banda como Mike Scott. Y supe que para la gente siempre sería The Waterboys.
Ahora la gente más joven escucha más solistas que grupos.
Yo creo que es más una moda que se revertirá. Ya había bandas antes de que el rock irrumpiera. Y si consideramos a las boy bands como bandas… BTS son muy populares, por ejemplo.

Te sientes a gusto tocando en España, ¿no?
Siempre, la gente responde emocionalmente muy rápido y de forma muy entusiasta. Y Valencia es mi ciudad favorita para tocar en España, ya que me llamas desde allí. Una de las tres o cuatro mejores ciudades para The Waterboys en el mundo, junto a Glasgow y Minneapolis. Aún tengo en el armario la camiseta del Valencia que alguien me regaló en la gira de 2002. Por cierto, te contaré una cosa: me he dado cuenta de que «The Pan Within» es una de las canciones favoritas del público español, y siempre me he preguntado por qué. A principios de este año estuve trabajando en un box set de This Is The Sea (1985), que saldrá en dos o tres años, y reparé de nuevo en el ritmo de «The Pan Within», que en realidad no sé de dónde salió. Escuché en algún lado que en «Silver» y en «The Killing Moon», de Echo and The Bunnymen, el ritmo era parecido. Un poco más lento, pero similar. Contacté con Will Sergeant, el guitarrista de Echo and The Bunnymen, y le pregunté de dónde diablos había sacado Pete De Freitas (batería, fallecido hace años) ese patrón rítmico. Él no tenía ni idea. Consulté a otros amigos músicos. De casualidad nos dimos cuenta de que era también como el de «Starman» de David Bowie. Y también, indagando más atrás en el tiempo, el de «The Man Who Sold The Word», una de mis canciones favoritas de siempre, de la que incluso grabé una versión a principios de los ochenta, que había olvidado por completo. El caso es que en aquella canción hay un instrumento, el güero, que tocó Woody Woodmansey en ella, aparte de la batería, y que es de origen latinoamericano, creo, que suena muy hispano. Contacté con Woody Woodmansey y me lo confirmó. Y algunos amigos españoles con quienes también contacté, me dijeron que era típico de la rumba. Que es un ritmo de rumba. Puede que todo esto explique por qué «The Pan Within» es la canción más popular de The Waterboys en España (risas).
Es una teoría y una investigación fascinante, desde luego. Ya para terminar, ¿qué músicos actuales te seducen?
Sí, Courtney Marie Andrews. Es brillante, me encanta. Y Shannon Shaw, de Shannon and The Clams, quienes hicieron un disco fantástico con Dan Auerbach hace cinco años. En un estilo similar al de Amy Winehouse. Escucho a muchas mujeres últimamente. Y Taylor Swift, por supuesto, que con Evermore (2020) y Folklore (2020) ha demostrado que es la mejor escritora de canciones de la actualidad.