Desde los reverenciados The Velvet Underground a los hoy tan domesticados Rolling Stones, son muchos los músicos que contaron con los servicios del rey del pop art para las portadas de sus discos. Aquí recordamos las cinco más significativas.
El arte pop. Lo cotidiano elevado a la categoría de arte. Los quince minutos de fama a los que todos aspiramos. La ironía, la inteligencia, lo cáustico, lo imprevisible, lo bastardo, lo irreverente, lo no convencional. Todo eso y muchas cosas más representaba Andy Warhol (1928 – 1987), el artista plástico, director de cine y productor que fue pionero del pop art y, como tal, se involucró en cientos de proyectos que tenían que encontrarse, sí o sí, con la música pop y rock, una de las grandes fuerzas motrices de la cultura del siglo XX.
Arte visual, diseño, pintura, escultura, fotografía… y también portadas de discos. El genio de Andy Warhol era tan omnívoro que tenía que cruzarse con la música. Y darle una pátina de intelectualidad. Surtirle de imágenes que se convertirían en emblemas.
Los sellos discográficos Columbia y RCA empezaron a contar con él a finales de los años cincuenta. Hizo cubiertas para Count Basie, Thelonious Monk, Kenny Burrell o John Wallowitch. El jazz fue su puerta de entrada en aquel mundo. Pero todo cambió en el momento en el que Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison, Maureen Tucker y Nico entraron en su vida. También a través de un sello de jazz, Verve.
The Velvet Underground fueron para él mucho más que un capricho. Fue un proyecto que apadrinó, y es lógico que así fuera, porque plasmaba la celebración de la diferencia: la máxima expresión de quien ni es normal ni lo quiere ser, porque no encaja en la sociedad del momento.
Luego vendrían los Rolling Stones (en varias ocasiones), Diana Ross, Liza Minelli, Billy Squier, John Lennon o Aretha Franklin, músicos de leyenda que contaron también con su correspondiente portada warholiana. La mayoría, en vida. Otros, como Lennon, después de muertos. En este recorrido retrospectivo abordamos cinco de las mejores.

1 – The Velvet Underground & Nico (1967), de The Velvet Underground
Obviamente, el plátano más célebre de la historia del rock, y posiblemente de la cultura popular. El que se convirtió en emblema de una banda de leyenda, una de las más influyentes del género, aún objeto de un reciente documental y de un disco de versiones, ambos impulsados por Hal Willner.
Andy Warhol fue mucho más que un padrino de lujo para la banda neoyorquina de Lou Reed, John Cale y compañía. Fue su mecenas. Su aval artístico, en un momento en el que el sonido oscuro, sórdido y nada convencional de The Velvet Underground no lo tenía fácil para congraciarse con el mercado discográfico. Menos desde un sello como Verve, especializado en jazz, que los veían como a un ente extraño.
Una de sus primeras ediciones contaba con la leyenda «peel slowly and see it». Es decir, «pélala lentamente y mira». Contaba con un adhesivo que, despegado, dejaba ver el interior – rosáceo – de la banana. Un diseño sencillo, elemental, de esos con los que Warhol elevaba un simple objeto de nuestra cotidianeidad (e este caso, una fruta, pero también podía ser una lata de sopa Campbell) a icono pop.

2 – Sticky Fingers (1971), de The Rolling Stones
Gloriosa cubierta en la que el actor Joe Dalessandro (protagonista también de la imagen de portada del primer álbum de los Smiths, publicado en 1984) marca paquete a conciencia. En la España del tardofraquismo fue censurada y trastocada por otra que (absurdos del celo represor de la época) trocaba el componente sexual del original por la violencia: una lata de conservas con los dedos pegajosos stonianos emergiendo de su interior.
Da imagen a uno de los discos más crudos, rotundos y directos de toda la trayectoria de los Rolling Stones, hoy en día un proyecto en entredicho (al menos, escénicamente) tras la muerte de su batería, Charlie Watts, y su renuncia a tocar en directo nunca más el viejo «Brown Sugar», por sus connotaciones racistas y sexistas. Hace mucho tiempo que los viejos Stones ya no quieren saber nada de aquel rol provocador de la sociedad biempensante que representaron durante décadas.

3 – The Painter (1976), de Paul Anka
Fiel a su particularísimo afán creativo, siempre propenso a trabajar para músicos que no tenían por qué estar (ni mucho menos) en el candelero en el momento de su colaboración, Warhol se marcó este retrato del veterano Paul Anka para un disco publicado cuando este ya era considerado una vieja reliquia pop.
De hecho, el disco no pasó del número 85 en las listas estadounidenses, ni su single más «exitoso» del número 60. Anka era visto como un crooner de otra época, sumido en la opacidad que le procuraban el estallido de la música disco, del funk y del inminente punk. Fue la primera portada warholiana tras cuatro años en los que no dedicó ni un minuto de su tiempo a diseñar ninguna otra cubierta.

4 – Love You Live (1977), de The Rolling Stones
Ningún otro grupo se vio más beneficiado por las portadas de Andy Warhol que los Rolling Stones, que contaron con sus servicios hasta en tres ocasiones. Pero esta fue la última. ¿Por qué? Pues porque al artista neoyorquino no le sentó nada bien que el propio Mick Jagger delinease, de su mismo puño y letra, el título del disco y el nombre de la banda sobre el retrato que él le había pintado.
Queda claro, pues que en esa interlocución con la discográfica Mick Jagger se salió con la suya, pero también logro que Warhol les pusiera la cruz. Lo cierto es que refleja muy bien el ardor de los directos que entonces ofrecían aún los Stones, en aquella misma época en que visitaron nuestro país por primera vez. Se grabó en varios conciertos de 1975, 1976 y 1977, en Los Ángeles, Toronto, Londres o París. Perfectamente podría haberlo hecho también en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona, en junio de 1976.

5 – Silk Electric (1982), de Diana Ross
No tiene el brillo del memorable Diana (1982), una de sus obras maestras, facturado dos años antes en la mítica Motown, pero este Silk Electric (1982) tampoco es un mal disco, y cuenta con una portada absolutamente made in Warhol: un retrato sencillo, pop, colorista, que define muy bien el carácter y la idiosincrasia de su protagonista, una de las grandes estrellas de la música negra de siempre.
El contenido del disco, por contra, era quizá demasiado sofisticado, demasiado preocupado por conectar con las tendencias dominantes en la música de consumo en aquel momento, y tan solo generó una moderada repercusión por su primera canción, el single «Muscles». En cualquier caso, que le quiten lo bailao. No todo el mundo puede presumir de tener una portada-retrato de Andy Warhol.