La generación desilusionada tiene en este joven músico barcelonés de apenas 19 años a un talento con enorme proyección transversal.
Quizá estemos vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. Puede que nos dejemos llevar demasiado rápido por los cantos de sirena. Es posible que nos deslumbremos por discos que son como efectistas patchworks sonoros, hechos de retales cuyo atractivo apela a diferentes generaciones sin dejar de emitir una sensibilidad muy contemporánea, que los hermana a todos. Quién sabe. Así de rápido va todo esto. Te duermes en 2019 y te despiertas en 2022.
Pero resulta difícil no mantener la expectativa muy alta con tipos como Rojuu. Qué digo tipos: chavales. Rojuu es el nombre artístico de Roc Jou Morales, un chico que ni siquiera tiene 19 años (los cumple en un par de semanas), que se ha posicionado con su álbum de debut en esa parrilla de salida del pop español más inquieto, innovador y aparentemente capacitado para marcar una época: el de Alizzz, Sen Senra o Goa. El de esa generación que podría tomar el relevo en breve a C. Tangana, Yung Beef o Bad Gyal. Sí, así de rápido va todo. Algunos están ya más cerca de los treinta que de los veinte, pero todos se perfilan como nombres cargados de futuro.
«Este álbum de debut se sitúa en la misma parrilla que los últimos de Alizzz, Sen Senra o Goa».
El gran disco de debut de Rojuu, youtuber desde su más tierna adolescencia y estrella del pop en ciernes tras seis años publicando trabajos de corta duración, llega con el aval del siempre fiable y sagaz sello madrileño Sonido Muchacho (La Plata, Cupido, Cariño).
Se llama KOR KOR LAKE (Sonido Muchacho, 2022) y es uno de esos álbumes que, como ya ocurría con los últimos de Alizzz o C. Tangana, tiene la virtud de apelar a varias generaciones: es como si hermanara el indie pop de finales de los noventa y primeros 2000 con el emo y con la electrónica de la misma época, y de paso los acercara a los sonidos (más de ahora) del trap, el bedroom pop o el hyperpop, con la influencia estética del anime, el manga y los videojuegos.
Una combinación de motivos sonoros y estéticos de lo más potente, con la mirada puesta en diferentes capas de público.

Esto, que podría parecer una indigesta ensalada de estilos o un auténtico galimatías, en realidad parece una apuesta decidida por romper la baraja y llegar a públicos bien amplios, aunque el gran mérito de Rojuu es saber aunar todas esas claves con naturalidad. Lo suyo no es un monstruo de Frankenstein. Es algo bastante fluido, en donde todas las piezas encajan.
En esa onda de pop abiertamente contagioso y diáfano, al estilo de Alizzz, destacan «NEZUKO» (incluida en nuestra playlist de febrero), «FANTASÍA PLACEBO» y «NADA ME LEVANTA», con la argentina Bratty. En modo más taciturno, conectando con el emo e incluso con la herencia de bandas como The Cure, emergen «CUÁNTO TIEMPO NOS QUEDA» o el pop de dormitorio de «UN PASEO MÁS».
«Hay aquí guiños al emo, al indie pop, al bedroom pop, al hyperpop o a la electrónica, sin que todo ello redunde en un Frankestein».
Guiñándole el ojo a ese sad trap del que ahora casi todos sus jóvenes tótems se desmarcan, ahí están «COLD AMSTERDAM (pt. 3) o «REHAB BOYS 2020». Y si alguien echa de menos la expresividad alocada del hyperpop o de la electrónica más dislocada, ahí tiene ese tramo final con la fantástica «INVASORES», con la frenética «NANA» o con esa «POST VELADA» que emite señales hasta de drum’n’bass.
La generación de la desilusión, de las expectativas laborales y vitales cercenadas de forma prematura, de los desajustes mentales y la inmersión en un presente mediado por la tecnología y la redes sociales, tiene en Rojuu un activo que podría acabar convertido en estrella de poderío transversal. Conviene estar atentos.