Desde que empecé a escribir estos Escritos al oído tenía en mente hablar de este disco, una gran influencia para mí, al que comparo con la primera vez que leí las historias de Raymond Carver que llevó al cine Robert Altman.
Hoy voy a saltarme mis propias reglas para hablar no de una canción, como viene siendo habitual en esta sección, si no de un disco al completo. Aunque, bien visto, este disco que Kae Tempest (aún firmado con su anterior nombre, Kate) publicó en 2016 consta de una sola canción, o de una misma historia dividida en trece pistas, o de un poema largo para leer en voz alta. Es uno de mis discos favoritos de la década pasada, tanto en concepto como en contenido.
Let Them Eat Chaos (2016) es el relato de siete personajes que viven en el mismo barrio de Londres, qué están haciendo y qué están pensando a la misma hora de la madrugada, las 4:18. Cada uno con su historia, gente a la que la vida les ha ganado la partida, más o menos desquiciada por el devenir de los tiempos o los dramas personales, que muchas veces acaban siendo consecuencia de lo primero.
A lo largo de las décadas se ha exprimido el álbum conceptual. El Berlin (1973) de Lou Reed o el Watertown (1970) de Sinatra son solo un par de ejemplos de discos que van desarrollando una misma narrativa a través de las canciones que los componen. Pero la forma de narrar de Kae es de lo más compleja y completa que he podido escuchar.
Su manera de interpretar y de pasar de la voz que narra la historia a la cabeza de cada personaje es admirable. También su fraseo, entre el recitado y el rap, hacen posible desarrollar esta narración, que llena varias decenas de páginas y en las que se habla prácticamente de todo, de lo individual a lo colectivo.
«La forma de narrar de Kae es de lo más compleja y completa que he podido escuchar, es pop, hip hop, electrónica y mucho más que eso».
El primer corte comienza con Kae recitando esta frase, «Imagina un vacío», en unos versos que parten de una visión global y poética del universo para ir haciendo zoom, cada vez más al detalle, hasta llegar a esos siete apartamentos en la misma calle de Londres, en los que los personajes se preguntan «¿A esto hemos llegado?, ¿Cómo se supone que tengo que entender todo esto?», mientras permanecen despiertos en la madrugada, sin poder dormir, «contando sus errores como si fuesen ovejas».
Los cortes del disco están unidos musicalmente, dando esa sensación de continuidad que el texto demanda. La electrónica de Dan Carey (productor años después de discos de Fontaines D. C. o de Wet Leg) se enlaza con las palabras de Kae, creando un ambiente para cada personaje y dejando espacios casi vacíos para la voz narradora, un trabajo preciso y meticuloso que, en realidad, no recuerda a ningún estilo musical concreto.
Es pop, hip hop, electrónica y mucho más que eso. Y así, en ese escenario descrito durante las dos primeras canciones, llegamos a la primera historia. Jemma piensa en los errores de su juventud, dice que intentó cambiar, pero su propia naturaleza (o quizá su entorno) se lo pusieron difícil. Es «Ketamine For Breakfast», una de mis favoritas y quizá la más agresiva del conjunto.
Vuelve la voz narradora para presentarnos a Esther, que acaba de llegar de trabajar de cuidadora en un doble turno, y mientras abre una cerveza su cerebro va a mil por hora, y se repite que todos estamos perdidos, una mirada apocalíptica del presente, con selfies y un planeta a punto de colapsar. Es «Europe Is Lost», quizá lo más parecido a un single en este conjunto, con Kae rapeando a la misma velocidad que los pensamientos interconectados de su personaje.
El turno en «We Die» es para la historia de Alicia, que tumbada en la cama acaba de despertar de un mal sueño, o de un bonito sueño en el que estaba la persona a la que amaba, y ahora mantiene un diálogo con el espectro de su marido, desvelada, aunque no crea en fantasmas. En «Whoops» nos habla un dicharachero Pete, un montador de escenarios que vive con su padre y usa todo su tiempo libre en ponerse hasta arriba, comiendo techo y comiéndose también los remordimientos del día siguiente, tropezando siempre con la misma piedra. El ritmo entrecortado, sincopado y espídico de la canción se acopla con la descripción del personaje. Te lo crees todo y estás con él en cada una de sus meteduras de pata nocturnas, como la de esta noche, con su conversación a pie de barra y su camino triste de vuelta a casa.
«En «Whoops» te crees a Pete, estás con él en cada una de sus meteduras de pata».
Las dos siguientes canciones son un interludio, se aproxima una tormenta, una lluvia torrencial que sirve de excusa para lanzar unos cuantos dardos desde el discurso del cambio climático. Y es la voz narradora quien lo hace. El que habla en «Pictures in Screen», sin embargo, es Bradley, un trabajador taciturno de clase media que se dedica a las Relaciones Públicas, y que sin poder dormir se pregunta si está dormido o despierto, si la vida es simplemente algo que hace. Vacío existencial, problemas del primer mundo.
Siguiendo esa estela, Zoe embala su cosas. Su casero le ha triplicado el alquiler y se tiene que ir de su piso, en el que ha pasado los años suficientes como para ver que el barrio se iba transformando en lo que, tarde o temprano, estén más lejos o más cerca del centro, todos los barrios se acaban convirtiendo en las grandes ciudades. Está muy enfadada, no es para menos. A mí me pasó lo mismo una vez y también lo estuve, sin saber ni contra quién luchaba. Mientras, suena una melodía hipnótica de sintetizador en esta «Perfect Cofee». El último personaje es Pious, una devoradora de amantes que no consigue dejar de echar de menos a la mujer que le robó el corazón.

«Breaks» y «Tunnel Vision» cierran la narración. Los siete personajes abren sus puertas tras el estruendo de un rayo, se encuentran bajo la lluvia, se cruzan todas sus historias en un final épico y catártico en el que solo existe una posibilidad de salvación, una respuesta a la pregunta que todos se hacen esa noche, «¿Qué voy a hacer para despertar?» Según Kae, lo único que nos puede salvar es despertar y amarnos más.
Vi hace algunos años a Kae presentando este disco, en una pequeña sala en Minneapolis. Lo interpretó tal cual, en el mismo orden y sin interrupciones, imposible no estremecerse con su interpretación y no rendirse ante su memoria y carisma. No suelo hacerlo, pero esa noche esperé hasta el final del concierto y le pedí que me firmase este vinilo. Hablamos un rato, aunque creo que la persona que me acompañaba le pareció mucho más interesante y fue con ella con quien más habló. Esa persona es Violeta Gil, que, años después, se ha ocupado de traducir el largo poema que compone Let Them Eat Chaos (2016) y que publicará la editorial Arrebato el próximo mes de diciembre bajo el título Que se coman el caos.
«Quizá nos guste conocer esas historias para poder sentirnos un poco mejor, o un poco menos desgraciados».
Un magnífico trabajo al que tengo que agradecer el poder, tras años, entender al cien por cien el contenido de los textos, sin perder absolutamente nada de su poética. Totalmente recomendable si os ha interesado este artículo, sois fans del disco o, simplemente, queréis hacer un bellísimo regalo de navidad.
Fue hace un año más o menos cuando empecé a escribir estos Escritos al oído. Desde entonces tenía en mente hablar de este disco porque creo que ha sido muy inspirador para mí, una gran influencia, diría incluso. De alguna manera lo comparo a cuando leí por primera vez los relatos de Raymond Carver y las historias cruzadas de sus personajes, que años más tarde llevaría a la pantalla Robert Altman. Gente, en general, con poca suerte en la vida. Quizá nos guste conocer esas historias para poder sentirnos un poco mejor, o un poco menos desgraciados, en este extraño y precioso camino.