El escritor y frontman de León Benavente reflexiona sobre la presencia del sexo en la música popular de las últimas décadas.
El primer recuerdo que Abraham Boba conserva del sexo asociado a la música pop proviene de sus días de escolar, cuando viajaba en el autobús del colegio y sonaba por la radio el clásico «Je T’Aime Moi Non Plus» por la radio, con las insinuaciones y jadeos de Serge Gainsbourg y Jane Birkin. Hasta que el conductor la apagaba o cambiaba de emisora.
Años más tarde vendrían otras muchas canciones, claro. Y mitos y sex symbols como Wendy James (Transvision Vamp) o canciones de lo más sensuales, firmadas por Nick Cave, Blixa Bargeld, Lana del Rey, Miles Davis o The Magnetic Fields, hasta llegar al hip hop deslenguado, procaz y sexualmente explícito de 2 Live Crew.
Son muchas las cosas que han ocurrido en el mundo de la música pop hasta llegar a Rosalía, La Zowi, Bad Gyal o C. Tangana, y cualquier melómano incurable puede trazar un relato sobre cómo ha sido su vida a través de las connotaciones sexuales que las canciones y los discos le han transmitido. Incluso aquellas que, sin tenerlas, coincidieron con su primer beso, su primer amor o su primera relación sexual.
Abraham Boba, quien ya nos desvela aquí la intrahistoria emocional de las canciones en su sección Escrito al oído, repasa esa apasionante relación en Estriptis: tres espléndidas páginas de opinión con su firma, que puedes leer si adquieres el #2 de Mússica, ya disponible. Música, sexo y papel: una combinación infalible.

