Pocas sorpresas en una gala más concisa de lo habitual, que rindió tributo a Carlos Saura y premió la mirada notarial y la música inquietante de As Bestas.
Quizá en un futuro, cuando alguien quiera recordar cómo era España en la última década, hará bien en ver las películas de Rodrigo Sorogoyen. La corrupción política, la crisis económica, el éxodo rural y los estragos de la globalización en una época de populismos identitarios, entre otros muchos asuntos, han desfilado por una filmografía que con As Bestas (2022) ha tocado un nuevo pico: se llevó el sábado nueve de las 17 nominaciones. Entre ellos, mejor película, mejor dirección, mejores papeles masculinos (Denis Ménochet y Luis Zahera), mejor guión (Isabel Peña y el propio director) y mejor música (Olivier Arson). Casi todos ellos, nombres habituales en sus películas. Cosas de tener un sello propio, un círculo fiable de profesionales de confianza.
Fue el triunfo más rotundo en una noche en la que, como ya suele ser habitual, mantener el interés y la intensidad del show durante sus tres horas y media es una tarea siempre complicada. El sábado se logró algo más que otras veces. Discursos cortos y al grano. Otro cantar fueron las actuaciones musicales, entre Manuel Carrasco o Lolita y Guitarricadelafuente y Bely Basarte. Balance de interés muy desigual, como siempre. Los presentadores, bien. Es un rol casi tan ingrato como el de seleccionador nacional de fútbol, y la verdad es que Clara Lago y Antonio de la Torre irradiaron naturalidad y rebajaron la habitual cuota de protagonismo de quienes suelen conducir la gala. Inteligentes. Tampoco hubo una Cate Blanchett que nos visitara con fines decorativos, como el año pasado en València. Menos mal.
Y contra el aluvión de topicazos («la fiesta del cine español», «excelente cosecha la de este año») y el dispendio de reiterativo glamour sobre la alfombra roja, poco se puede hacer. Al fin y al cabo, todo tópico encierra algo (a veces mucho) de verdad, y es cierto que este ha sido un ejercicio brillante para el cine español, y con un protagonismo de miradas jóvenes femeninas como nunca se había visto, que bien podría extenderse al conjunto de la industria. Un cine francamente apegado a la realidad. Sin exhibicionismos, efectismos, amaneramientos ni paternalismos con el espectador.

Precisamente entre ellas, entre las mujeres, llamó la atención que Carla Simón y su Alcarràs (2022) se fuera de vacío, pese a sus once nominaciones. ¿Fue su película el Motomami (2022) del cine español, esa película que (como el disco de Rosalía), a fuerza de obtener reconocimientos foráneos (Oso de Oro en Berlín hace un año), se considera que ya no necesita premios en su propia tierra? Solo los miembros de la Academia lo saben.
En el apartado estrictamente musical, la inquietante banda sonora del compositor francés Olivier Arson para As Bestas se impuso sobre Julio De La Rosa (Modelo 77), Iván Palomares (La niña de cristal) – a quien entrevistamos hace unos días – o Fernando Velázquez (Los renglones torcidos de Dios), quizá porque en su caso se nota aún más que la música es un actor más, un elemento de vital importancia para que esa violencia latente, desasosegantemente física, que irradia la película, muestre sus particulares picos de intensidad. Un premio previsible, en cualquier caso, como el de mejor canción que se llevaron Sabina y Leiva.
Acertado y también esperado fue también el premio a mejor película extranjera para Argentina 1985, una de nuestras películas favoritas del año pasado. Y el homenaje a Carlos Saura, quien no llegó a tiempo de recoger el Goya de Honor por su trayectoria, pertinente y comedido en su sincera emotividad.